Características y síntomas

Se caracteriza por una combinación de alteraciones motoras (movimiento), psiquiátricas (de personalidad o carácter) y cognitivas (pensamiento). Los síntomas varían de una persona a otra en amplitud, severidad, edad de comienzo y velocidad de progresión, incluso entre los miembros de la misma familia. Normalmente los síntomas se desarrollan en la vida adulta, entre los 35 y los 55 años. Puede aparecer antes de los 20 años (10%) o a partir de los 60 años (10%).

Los primeros síntomas pueden reflejarse en forma de deterioro físico, intelectual o emocional. Los físicos pueden consistir inicialmente en una cierta actividad nerviosa, (tics, movimientos) o una agitación excesiva. Se puede observar cierta torpeza o inhabilidad en las tareas diarias. Estos síntomas iniciales se convertirán gradualmente en movimientos involuntarios más marcados: espasmos y tirones de la cabeza, cuello y extremidades, que producirán dificultad al caminar, hablar o tragar.

En lo referente al intelecto, puede haber una disminución de la memoria reciente, reducirse la habilidad para organizar asuntos o para poderse ocupar eficazmente de situaciones nuevas. También hay síntomas emocionales, al principio, igualmente sutiles. Puede haber periodos de depresión, apatía, cansancio, irritabilidad o impulsividad.

La enfermedad irá progresando a lo largo de unos 20 años con la consiguiente pérdida de capacidades.